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“Bodegón de Caza”, óleo sobre lienzo, Glòria Morera Font (1938), 1978

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Description

Óleo sobre lienzo de 1978, Glòria Morera Font (1938), de dimensiones 116 x 89 cm, 128 x 101 cm (marco).

En esta obra contemplamos una gran composición de naturaleza muerta dedicada al tradicional tema del bodegón de caza. Sobre una extensa superficie se despliega una extraordinaria acumulación de piezas de caza, frutos, vegetales y objetos vinculados a la actividad cinegética, construyendo una escena de notable riqueza visual. En lugar de presentar los elementos de manera aislada, Glòria Morera los entrelaza hasta formar una estructura prácticamente continua, en la que animales, hojas, frutos y objetos se suceden y superponen a través de toda la superficie pictórica.

La composición se organiza mediante diferentes núcleos visuales relacionados entre sí. En la zona central aparecen varias piezas de caza menor y aves dispuestas horizontalmente, mientras que en el sector izquierdo se acumulan frutos, recipientes y elementos vegetales. En el extremo derecho, nuevas piezas de caza se integran entre grandes masas de hojas, frutos y flores. Por encima de este conjunto, una escopeta atraviesa diagonalmente buena parte de la composición y se convierte en uno de sus principales ejes estructurales, conduciendo la mirada desde la zona superior izquierda hacia el centro y estableciendo una relación directa entre los alimentos representados y su procedencia cinegética.

Especial protagonismo adquiere el sector superior derecho, donde aparecen una cartuchera con los cartuchos visibles y otros elementos del equipamiento de caza. Morera no los introduce únicamente como detalles anecdóticos: sus formas curvas y circulares contrastan con la larga diagonal de la escopeta y con la disposición horizontal de los animales, contribuyendo al complejo equilibrio interno de la composición. La presencia de estos objetos amplía además el carácter narrativo de la obra, que deja de ser exclusivamente una representación de alimentos para convertirse en una evocación completa del universo de la caza.

A diferencia del bodegón tradicional concebido dentro de un espacio cerrado y oscuro, la artista abre parcialmente la composición hacia un paisaje. En la zona superior izquierda y central se distingue un horizonte montañoso envuelto en una atmósfera azul verdosa, acompañado por vegetación y un cielo luminoso. Esta apertura resulta especialmente significativa: introduce aire entre la abundancia de elementos del primer plano y establece un contraste entre la naturaleza viva del paisaje y las piezas de caza dispuestas sobre la mesa. El exterior no funciona únicamente como fondo, sino como contrapunto espacial y conceptual de aquello que ocupa el primer término.

La obra se inscribe dentro de una figuración expresionista de profunda raíz en la tradición bodegonista española, reinterpretada desde la libertad plástica característica de la pintura de Glòria Morera durante la década de 1970. La artista recupera un género de larga tradición histórica —el bodegón de caza— pero se distancia deliberadamente de cualquier representación naturalista o minuciosamente descriptiva. Los objetos siguen siendo plenamente reconocibles, aunque sus formas se simplifican, deforman y subordinan al ritmo general de la composición y a las necesidades expresivas de la pintura.

Existe en este sentido una interesante tensión entre tradición y modernidad. La abundancia de piezas de caza, frutas, hojas, armas y objetos remite inevitablemente a los grandes bodegones europeos de los siglos XVII y XVIII, mientras que la ejecución pertenece plenamente al lenguaje pictórico del siglo XX. Morera no busca reproducir con exactitud la textura de cada pluma, hoja o fruto, sino transmitir su presencia mediante masas, manchas y superficies de color que se integran unas con otras. El resultado conserva la monumentalidad del bodegón clásico, pero sustituye su precisión descriptiva por una visión mucho más subjetiva y expresiva.

Estilísticamente destaca precisamente esa libertad con la que la artista construye las formas. Las aves y las piezas de caza poseen anatomías reconocibles, aunque están resueltas mediante pinceladas amplias que fragmentan sus cuerpos en zonas de gris, negro, blanco, rosa y tierra. Algo similar sucede con los frutos: manzanas, peras y otros elementos vegetales aparecen modelados mediante breves variaciones cromáticas, sin necesidad de delimitar rigurosamente cada contorno. Las hojas se convierten en grandes formas verdes ondulantes que recorren la composición y enlazan visualmente unos grupos con otros.

Esta continuidad entre los diferentes elementos es uno de los aspectos más interesantes de la pintura. Los límites entre animales, vegetación, objetos y superficie se vuelven deliberadamente inestables. Determinadas hojas parecen prolongarse hacia las sombras de las aves; los tonos terrosos de los frutos reaparecen en el plumaje y en los utensilios de caza; y algunas zonas del fondo se integran con los objetos mediante pinceladas semejantes. De esta manera, la artista evita una lectura fragmentada y consigue que la abundancia de motivos funcione como una única gran masa pictórica.

Técnicamente, el óleo está trabajado con una pincelada libre, visible y de considerable variedad. Morera alterna zonas de materia más densa con otras donde la pintura se extiende de manera más ligera, dejando percibir en determinados puntos la propia textura del lienzo. Los primeros planos muestran especialmente bien esta construcción: pinceladas cortas y superpuestas describen los plumajes, mientras trazos más amplios y sinuosos configuran las hojas y los frutos. En otras zonas aparecen arrastres, raspados y pequeñas acumulaciones de pigmento que enriquecen la superficie y confieren a la pintura una cualidad táctil.

Los detalles de la cartuchera constituyen un buen ejemplo de este procedimiento. Los cartuchos se reducen prácticamente a pequeños círculos y cilindros construidos mediante ocres, amarillos y negros, mientras que el cuero se define mediante grandes masas pardas recorridas por trazos más claros. De cerca, la representación se aproxima casi a la abstracción; observada a distancia, todos estos fragmentos cromáticos recuperan inmediatamente su identidad figurativa. Esta oscilación entre materia y representación constituye uno de los principales atractivos técnicos de la obra.

El cromatismo es profundo y deliberadamente contenido, dominado por una extensa gama de verdes oliva, verdes grisáceos, tierras, ocres, marrones y negros suavizados. Sobre esta base aparecen pequeñas concentraciones de amarillo dorado, naranja, rosa, rojo apagado, azul grisáceo y blanco que iluminan determinados frutos, plumajes y flores. No existe una iluminación uniforme: la luz aparece fragmentada en pequeños acentos distribuidos por toda la composición, obligando al ojo a desplazarse continuamente entre los diferentes elementos.

Especialmente interesantes resultan los contrastes entre los tonos cálidos de las frutas y los verdes profundos de las hojas, así como entre las delicadas tonalidades rosadas y gris azuladas de las aves y las zonas oscuras que las rodean. El paisaje del fondo introduce, por su parte, una gama más fría de verdes azulados, grises y violetas muy suaves, creando una sensación de distancia atmosférica y proporcionando un necesario espacio de respiración frente a la densidad material del primer plano.

La monumentalidad de la obra —116 x 89 cm de lienzo— transforma además un género tradicionalmente asociado al espacio doméstico en una composición de gran presencia. Los objetos adquieren una escala considerable y parecen extenderse más allá de los límites físicos del cuadro. La sensación no es la de contemplar unos cuantos elementos cuidadosamente ordenados sobre una mesa, sino la de encontrarse ante una naturaleza desbordante que invade prácticamente toda la superficie pictórica.

Realizada en 1978, la obra pertenece a un momento de plena madurez creativa de Glòria Morera y muestra otra vertiente de su figuración expresionista. Si en otras composiciones de la artista la figura humana y la deformación anatómica sirven para explorar estados psicológicos, aquí esa misma libertad expresiva se traslada al género del bodegón. La pincelada, la materia y el color dejan de estar subordinados a la descripción y adquieren una autonomía que convierte el motivo tradicional en un verdadero campo de experimentación pictórica.

Glòria Morera Font, nacida en Terrassa en 1938, procede de una familia de artistas: su madre y sus hermanos pintaban y, como ella misma ha explicado, «es un gen familiar». A lo largo de su vida ha desarrollado una actividad creativa multidisciplinar como pintora, escultora, escritora y profesora de dibujo. Su producción comprende retratos, bodegones, figuras y desnudos, mostrando un especial interés por estos últimos, representados tanto mediante modelos posando como a través de figuras integradas en ambientes de carácter onírico.

Su concepción del arte está estrechamente vinculada a la espontaneidad creativa y a la necesidad de trasladar directamente una idea o sentimiento al medio elegido. La propia artista lo expresa de esta manera: «...cuando capto una idea va directa a lo que sea, trasladando lo que siento a tela, barro o literatura. El juego más impresionante es el de la creatividad, la inspiración. El arte aparte de mi familia es lo primero, las obras son mis hijas, todo lo demás es secundario». Esta declaración ayuda a comprender la libertad con la que Morera aborda géneros aparentemente tradicionales y los transforma mediante un lenguaje profundamente personal.

Este “Bodegón de caza”, realizado en 1978, constituye un excelente ejemplo de esa actitud. La artista recupera uno de los grandes géneros históricos de la pintura europea y lo somete a una reinterpretación expresionista en la que la acumulación, la pincelada, la materia y el cromatismo prevalecen sobre la descripción minuciosa. El paisaje abierto del fondo, la poderosa diagonal de la escopeta y la extraordinaria profusión de animales, frutos, vegetación y objetos construyen una composición de gran complejidad y fuerza visual, situada en un interesante punto de encuentro entre la tradición del bodegón español y la libertad de la figuración expresionista del siglo XX.

Enmarcada

Yes

Material arte

  • Lienzo

Género artístico

  • Bodegón

País de origen

  • España

Época

  • Finales del siglo XX

Dimensiones

128 x 101 cm

Cantidad de piezas

  • 1

Conservación y restauración

En buen estado

Estado

  • Bueno

Estilo artístico

  • Expresionismo

Firmado

Yes

Tipo de atribución

  • Autor identificado

Documentación asociada a la obra

  • Sin documentación

Técnica pintura

  • Óleo