Description
Óleo sobre lienzo de los años 70 aprox., Glòria Morera Font (1938), de dimensiones 74 x 60 cm, 90 x 76 x 4 cm (marco).
En esta obra contemplamos una naturaleza muerta dedicada al tradicional género del bodegón de caza, interpretado por Glòria Morera desde una sensibilidad marcadamente expresionista. Frente a la amplitud y proliferación de elementos que encontramos en otras composiciones cinegéticas de la artista, aquí Morera concentra la escena en un formato vertical y deliberadamente cerrado, construyendo una imagen densa y monumental a partir de un número relativamente reducido de objetos. Piezas de caza, recipientes, frutos y utensilios se acumulan dentro de un espacio poco profundo, creando una sensación de proximidad física con el espectador.
La composición se articula en torno a un poderoso eje vertical situado en el sector izquierdo. Una pieza de caza cuelga suspendida desde la zona superior y desciende prácticamente hasta la superficie de la mesa, estableciendo una larga línea clara que atraviesa la oscuridad del fondo. A sus pies se dispone otra pieza abatida, extendida horizontalmente sobre la mesa, cuyo cuerpo y extremidades introducen una dirección transversal que estabiliza el conjunto. Ambas figuras constituyen el núcleo narrativo del bodegón y establecen desde el primer momento su naturaleza cinegética.
Tras ellas se levanta una gran cesta o morral de caza, cuya superficie clara y moteada ocupa buena parte del centro superior de la composición. Sus formas curvas contrastan con los elementos verticales del lateral izquierdo y funcionan como transición hacia el gran recipiente cerámico situado a la derecha. Sobre la cesta aparece además otro objeto oscuro de contorno redondeado, mientras correas y elementos del equipamiento se entrecruzan y enlazan visualmente las diferentes partes de la escena. La artista evita así una disposición geométrica demasiado evidente y construye la composición mediante una sucesión orgánica de curvas, diagonales y superposiciones.
Especial protagonismo adquiere el gran cántaro situado en el sector derecho. Su cuerpo voluminoso se construye mediante tierras, verdes grisáceos, violetas y pequeños reflejos rosados, mientras su amplia boca circular aparece convertida en una profunda superficie negra rodeada por un anillo luminoso. Este elemento constituye uno de los principales centros ópticos de la pintura. La rotundidad geométrica del círculo contrasta con las formas irregulares de los animales, los tejidos y los frutos y, al mismo tiempo, introduce una poderosa sensación de profundidad dentro de una composición predominantemente frontal.
En el primer plano, varios frutos y vegetales completan el bodegón y equilibran cromáticamente las tonalidades más sombrías del conjunto. Sus formas redondeadas establecen un diálogo con la boca del cántaro, mientras la superficie clara sobre la que descansan introduce una franja de luz en la parte inferior. La mesa, con sus cajones visibles, cierra la composición y funciona casi como un pequeño escenario sobre el que se acumulan los diferentes elementos.
La obra se inscribe dentro de una figuración expresionista de profunda raíz en la tradición bodegonista española. Morera recupera un género de larga tradición histórica, particularmente desarrollado durante los siglos XVII y XVIII, pero renuncia deliberadamente a la precisión descriptiva característica del bodegón clásico. Los objetos son perfectamente reconocibles, aunque aparecen transformados mediante una pincelada libre, una simplificación de los volúmenes y una materia pictórica que adquiere protagonismo por sí misma. La artista no busca reproducir minuciosamente la realidad, sino transmitir la presencia física, el peso y la textura de aquello que representa.
La relación con la tradición barroca española se percibe especialmente en la concentración de los objetos, el predominio de una gama terrosa y el fuerte contraste entre determinadas zonas iluminadas y un entorno sombrío. Sin embargo, la concepción pictórica pertenece plenamente al siglo XX. La estabilidad y precisión del bodegón tradicional son sustituidas por una superficie vibrante, irregular y expresiva, en la que los contornos se abren y las formas parecen integrarse unas en otras.
Estilísticamente, la composición presenta una notable solidez estructural. Los grandes volúmenes del recipiente, la cesta y las piezas de caza se construyen mediante superficies de color que no dependen de un dibujo académico preciso. Los límites aparecen deliberadamente suavizados o fragmentados y determinados elementos llegan incluso a confundirse parcialmente con el fondo. Esta integración evita que los objetos parezcan recortados individualmente y permite que toda la composición funcione como una única estructura pictórica.
Técnicamente, el óleo está trabajado mediante una pincelada visible, libre y muy variada. Morera alterna zonas de mayor densidad matérica con otras donde el pigmento se extiende de manera más ligera sobre la trama del lienzo. En los animales, pequeñas pinceladas entrecruzadas de blancos rotos, grises, tierras, negros y delicados rosas sugieren el pelaje sin necesidad de describirlo individualmente. En la cesta, por el contrario, la superficie se construye mediante una sucesión de trazos cortos y manchas oscuras que generan una textura casi táctil.
El gran recipiente situado a la derecha constituye otro magnífico ejemplo del procedimiento técnico de la artista. Su volumen no se consigue mediante un modelado tonal uniforme, sino mediante sucesivas capas y manchas de verde oscuro, gris, marrón, azul y rosa apagado. La boca se resuelve mediante círculos concéntricos de distinta luminosidad hasta desembocar en un centro prácticamente negro. Observado de cerca, el objeto se fragmenta en materia y pincelada; contemplado a cierta distancia, recupera inmediatamente su rotundidad y profundidad.
La superficie pictórica muestra además arrastres, superposiciones, zonas raspadas y pequeños empastes que enriquecen considerablemente su textura. Morera permite que permanezca visible el proceso de construcción de la imagen: las pinceladas no desaparecen bajo un acabado pulido, sino que conservan su recorrido, su presión y sus irregularidades. La materia se convierte así en parte esencial del lenguaje de la obra.
El cromatismo es sobrio, profundo y predominantemente terroso. Ocres, sienas, marrones, verdes oliva, grises y negros forman la base de la composición, enriquecidos por pequeñas variaciones de rosa, malva, azul grisáceo y crema. Sobre esta gama oscura aparecen concentraciones de mayor luminosidad en el pelaje de las piezas de caza, la superficie de la cesta, los frutos y determinados reflejos del cántaro.
Resulta especialmente interesante la utilización de colores aparentemente secundarios dentro de las zonas neutras. En los grises de los animales aparecen matices azulados y rosados; los marrones incorporan reflejos rojizos; y los verdes se mezclan con ocres y grises hasta producir tonalidades difíciles de definir de manera aislada. Esta complejidad cromática evita cualquier monotonía y proporciona a las superficies una vibración característica.
La iluminación no procede de una fuente claramente identificable. Parece emerger selectivamente sobre determinados objetos, dejando otros parcialmente absorbidos por la penumbra. Este procedimiento incrementa el carácter teatral de la composición: la pieza suspendida, la cesta, el borde del cántaro y los frutos aparecen y desaparecen alternativamente dentro de una atmósfera densa, haciendo que la mirada recorra lentamente el conjunto.
La elección del formato vertical intensifica todavía más esta sensación. En lugar de extender los elementos horizontalmente sobre una gran mesa, Morera los apila visualmente y obliga a la mirada a ascender desde los frutos y la pieza abatida del primer término hasta la cesta y los objetos situados en la zona superior. El resultado posee una monumentalidad que supera las dimensiones reales de los elementos representados y convierte un sencillo bodegón de caza en una construcción casi arquitectónica.
Realizada aproximadamente durante la década de 1970, la obra pertenece al periodo de madurez creativa de Glòria Morera y muestra con claridad su capacidad para abordar un género histórico desde un lenguaje absolutamente personal. La tradición proporciona el tema y parte de la estructura iconográfica; la modernidad aparece en la libertad de ejecución, la deformación expresiva, la autonomía del color y, especialmente, en la importancia concedida a la propia materia pictórica.
Glòria Morera Font, nacida en Terrassa en 1938, procede de una familia de artistas: su madre y sus hermanos pintaban y, como ella misma ha explicado, «es un gen familiar». A lo largo de su vida ha desarrollado una actividad creativa multidisciplinar como pintora, escultora, escritora y profesora de dibujo. Su producción comprende retratos, bodegones, figuras y desnudos, mostrando un especial interés por estos últimos, representados tanto mediante modelos posando como a través de figuras integradas en ambientes de carácter onírico.
Su concepción del arte está estrechamente relacionada con la espontaneidad de la creación y con la necesidad de trasladar directamente una idea o sentimiento al medio artístico elegido. Glòria se expresa así: «...cuando capto una idea va directa a lo que sea, trasladando lo que siento a tela, barro o literatura. El juego más impresionante es el de la creatividad, la inspiración. El arte aparte de mi familia es lo primero, las obras son mis hijas, todo lo demás es secundario». Esta declaración permite comprender la libertad con la que aborda tanto la figura humana como géneros tradicionales como el bodegón.
Este “Bodegón de caza” constituye un excelente ejemplo de esa libertad. A partir de un repertorio profundamente arraigado en la historia de la pintura española, Morera construye una imagen oscura, matérica y de notable fuerza plástica. La pieza suspendida, el gran recipiente cerámico, la cesta, los frutos y el animal dispuesto sobre la mesa dejan de ser únicamente objetos representados para convertirse en masas, ritmos y texturas. Tradición barroca y figuración expresionista se encuentran así en una obra donde la materia pictórica adquiere una presencia tan poderosa como el propio motivo representado.
Enmarcada
YesMaterial arte
- Lienzo
Género artístico
- Bodegón
País de origen
- España
Época
- Mediados del siglo XX
Dimensiones
90 x 76 x 4 cmCantidad de piezas
- 1
Conservación y restauración
En buen estadoEstado
- Bueno
Estilo artístico
- Expresionismo
Firmado
YesTipo de atribución
- Autor identificado
Documentación asociada a la obra
- Sin documentación
Técnica pintura
- Óleo
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