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”Naturaleza Muerta con Calas Blancas y Frutas”, Roberto Ortuño Pascual (1953), años 80 del siglo XX

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Description

Óleo sobre panel de los años 80 del siglo XX, Roberto Ortuño Pascual (Barcelona, 1953), de dimensiones 87 x 37 cm (marco).

La composición, de marcado desarrollo horizontal, presenta una naturaleza muerta protagonizada por un conjunto de calas blancas y frutas, elementos que el artista transforma mediante una intensa construcción de la materia pictórica. Más que reproducir minuciosamente los objetos, Ortuño los reconstruye a partir de superficies de color, densidades y ritmos gestuales, haciendo que la propia presencia física del óleo adquiera un protagonismo comparable al del motivo representado.

La acusada horizontalidad del formato condiciona toda la organización de la escena. Las calas se distribuyen irregularmente a lo largo de la composición, enlazadas mediante tallos y hojas que generan un recorrido predominantemente longitudinal. Sus formas abiertas, quebradas y orgánicas encuentran un contrapunto en las frutas situadas en la zona superior, cuyos volúmenes redondeados introducen una estructura más compacta dentro del conjunto. Esta alternancia entre formas vegetales extendidas y masas circulares proporciona equilibrio y ritmo a una composición deliberadamente alejada de la ordenación tradicional del bodegón.

Uno de los aspectos más sobresalientes de la obra es su extraordinario tratamiento matérico. El óleo ha sido aplicado generosamente mediante espesos impastos, creando crestas, pliegues, arrastres y acumulaciones que sobresalen físicamente de la superficie. En determinados puntos, la materia adquiere tal densidad que las formas parecen modeladas más que pintadas. Los pétalos de las calas se construyen mediante amplias aplicaciones de blancos rotos, marfiles, grises, verdes pálidos y delicados matices rosados, cuya dirección reproduce los dobleces y ondulaciones de las flores sin recurrir a un dibujo delimitador.

La materia pictórica se convierte así en un verdadero elemento constructivo. Las huellas del gesto permanecen visibles y permiten seguir la dirección de cada aplicación, mientras que en otras zonas el entramado del soporte queda parcialmente descubierto entre las masas de pigmento. La alternancia entre superficies densamente cubiertas y espacios donde la materia se aligera genera una vibración especialmente atractiva cuando la pintura se contempla de cerca.

El fondo participa igualmente de esta concepción. Grises, negros, tierras y tonos violáceos aparecen organizados mediante bandas y estratos superpuestos que forman una superficie accidentada y casi geológica. A corta distancia, determinadas zonas pierden prácticamente cualquier referencia figurativa y se convierten en auténticas superficies de color, próximas a la abstracción; al recuperar la distancia de contemplación, esas mismas manchas vuelven a integrarse en la representación de flores, hojas, frutas y espacio.
El cromatismo está construido sobre una oposición cuidadosamente equilibrada entre tonos fríos y cálidos. Los blancos modulados de las calas y los verdes de hojas y tallos dominan buena parte de la composición, acompañados por grises, negros y tierras. Frente a ellos, los amarillos, naranjas, ocres, rojizos y burdeos de las frutas introducen concentraciones de color cálido que actúan como puntos de tensión visual. Particularmente interesante resulta la fruta anaranjada, cuyo volumen se construye mediante fragmentos yuxtapuestos de pigmento que conservan individualmente la huella del gesto pictórico.

La obra permite apreciar asimismo la evolución del lenguaje de Roberto Ortuño respecto a sus trabajos de la década de 1970, en los que predominaba una mayor intensidad cromática vinculada a su interés por el postimpresionismo y el fauvismo. En esta etapa posterior de su producción, el color continúa siendo fundamental, pero la construcción de la imagen adquiere un carácter más estructurado y la materia pictórica gana presencia. El impasto deja de funcionar únicamente como recurso técnico para convertirse en parte esencial de la arquitectura visual de la pintura, otorgando a flores, hojas y frutos una presencia física particularmente rotunda.

Esta evolución conduce aquí hacia una figuración contemporánea de raíz postimpresionista y fuerte componente matérico, en la que la libertad cromática convive con una creciente autonomía de la textura y del gesto. La naturaleza muerta permanece perfectamente reconocible, pero se encuentra sometida a un proceso de síntesis mediante el cual los objetos son reducidos a planos, volúmenes y masas de pigmento. La obra oscila así entre figuración y abstracción sin abandonar definitivamente ninguna de las dos.
Roberto Ortuño Pascual, nacido en Barcelona en 1953, se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona y comenzó muy joven su trayectoria expositiva. En 1972 obtuvo el Primer Premio de Pintura Joven de la Sala Parés, iniciando una prolongada relación con esta histórica galería barcelonesa. En su formación pictórica resultaron especialmente significativos el postimpresionismo, los Nabis y el fauvismo, con referentes como Pierre Bonnard y Henri Matisse, influencias que ayudan a comprender la importancia concedida al color dentro de su producción. A lo largo de su trayectoria desarrolló especialmente géneros como el paisaje, los interiores y la naturaleza muerta, reinterpretándolos progresivamente mediante un lenguaje personal basado en la relación entre color, estructura y materia.

“Naturaleza Muerta con Calas Blancas” constituye un buen ejemplo de esa evolución. El género tradicional del bodegón sirve aquí como punto de partida para una investigación esencialmente plástica: las flores dejan de ser únicamente flores y se convierten también en materia, gesto y superficie; las frutas funcionan simultáneamente como objetos y concentraciones cromáticas. El extraordinario relieve del óleo y la tensión entre reconocimiento y descomposición de las formas confieren a la obra una notable presencia física y convierten su superficie en parte fundamental de la experiencia visual.

Enmarcada

Yes

Material arte

  • Madera

Género artístico

  • Bodegón

País de origen

  • España

Época

  • Finales del siglo XX

Dimensiones

87 x 37 cm

Cantidad de piezas

  • 1

Conservación y restauración

En buen estado

Estado

  • Bueno

Estilo artístico

  • Otro estilo

Firmado

Yes

Tipo de atribución

  • Autor identificado

Documentación asociada a la obra

  • Sin documentación

Técnica pintura

  • Óleo